sábado, 3 de marzo de 2018

París

​[Miércoles 19.7.17 • vuelo Liverpool - Dublín]
 
En este vuelo me estoy poniendo a tiro con todo lo que tenía atrasado, pero voy a tener que seguir en el ómnibus porque estamos aterrizando. Sí, estoy en Irlanda, y así como quien no quiere la cosa, cambio la moneda, una vez más. Vuelvo al euro, dejo la libra. Compré el desayuno en libras y ahora voy a comprar el almuerzo en euros, para en unos días volver a la libra y después al euro. Pensamientos de aterrizaje.
 
[Miércoles 19.7.17 • ómnibus aeropuerto - centro Dublín]
 
Bueno. Empiezo de nuevo. El título de lo que fue París es 'París' porque no hay otra palabra para describirlo. Y voy a pecar de spoiler: no nos salió ni una bien, 'comimos del tupper' (expresión que usamos para decir que algo salió bastante mal o que simplemente nos cagaron). 
 
[Viernes 21.7.17 • St. Stephen's Green - Dublín]
 
Vuelvo a empezar, por tercera vez, porque el ómnibus tenía wifi (y del bueno) y eso es algo que no hay que desperdiciar en este viaje. Ahora estoy en un parque en Dublín, tratando de escribir sobre lo que fue París, sin traer mucho a colación lo que está siendo Irlanda (divino, pero no viene al caso). Vuelvo entonces a que no pegamos ni una. París, ciudad soñada, los cuentos de la gente que ya fue, las películas francesas, Paris je'taime. Aterrizamos y después de unas cuantas horas, llegamos a casa, nos estaba esperando un hermoso cartel en tres idiomas (francés, inglés y ESPAÑOL) diciendo que los alojamientos tipo airbnb y demás estaban prohibidos en el edificio, que eso no era un hotel y que nosotros no éramos bienvenidos, así que no iban a dudar en llamar a la policía ante cualquier molestia que sintieran. Entramos, nos acomodamos y suena el timbre: el vecino de abajo, diciendo que la construcción es vieja, que se escuchan todos los ruidos, que por favor ni respiremos después de las 10 de la noche (noche es una forma de decir, teniendo en cuenta que en estas latitudes, en verano anochece pasadas las 22 hs). ¡Imposible! ¿Cómo íbamos a hacer 9 personas para no hacer ni el más mínimo ruido cuando había que cocinar, lavar platos, ropa, etc, etc? Hicimos lo que pudimos, unos más, otros menos y volvimos a recibir un llamado de atención. ¿Silver lining? ¡No llamaron a la policía en toda nuestra estadía ni nos echaron del apartamento! Pero eso no es todo, porque no sólo éramos 9 personas viviendo en un apartamento (con todo lo que eso implica), éramos 9 personas viviendo en un apartamento para CUATRO. Imaginarse las valijas abiertas en el living o las toallas colgadas por doquier no debe ser muy difícil. 
 
[Lunes 29.1.18 • ómnibus casa-hostel Montevideo]
 
Dije que me iba a tomar esto en serio y estoy tratando de cumplir con mi palabra. Ayer leí lo que había escrito de París (lo que acaban de leer) y me reí, no sé si porque me acordé de todas estas cosas o porque yo sí sé cómo sigue la historia, pero en fin... lo leí para ver a qué me enfrentaba al haber tomado esta decisión, y acá estamos... haciendo memoria. Me había quedado en el cuento de que éramos 9 personas viviendo en un apartamento para 4, épico, como todo en este viaje. Recuerdo la complicada convivencia que recién estaba empezando. Los malos humores de los ordenados por el constante desorden de los desordenados y los malos humores de los desordenados por la estructura de los ordenados. Y uno en el medio, como siempre, surfeando entre el orden y el desorden, la estructura y el desparpajo, el ángel y el diablo. Fueron días complicados. Entre toda esa locura tuvimos que lidiar con EL momento del viaje de ir a retirar las camionetas (fue todo un evento en sí mismo, llenito de anécdotas y malos humores) mientras organizábamos el primer cumpleaños familiar (y último, aunque en ese momento no lo sabíamos) para dos integrantes de la familia que casualmente cumplen el mismo día; con torta, regalos y banderines. 
 
[Martes 27.2.18 • Montevideo]
 
¡Cómo cuesta! Dije que me lo iba a tomar en serio y pasó casi un mes entre un párrafo y otro. No quiero imaginarme lo que puede costar terminar todas las historias. La rutina, o no rutina que vivo en este momento, no me dejan concentrarme ni con este, ni con otros proyectos. En fin. París. Resumiendo... ahí ya se había ido todo al carajo, pero nosotros no lo sabíamos o por lo menos yo. Yo no me daba cuenta. Sentía una incomodidad adentro mío que no entendía de dónde venía, como una nube negra que me perseguía. Difícilmente se iba. Empecé de a poco a hacer la mía. Me acuerdo un día que me fui, sin ningún miembro de la familia. Cambiar de gente, de aire. Y caminamos, caminamos, caminamos, caminamos, caminamos. Tanto que cuando quise volver era tan tarde que tenía los minutos contados para hacer las combinaciones en el metro. Y me puse nerviosa, me puse muy nerviosa. Me tomé el primer metro y cuando fui a tomar el segundo, la estación estaba cerrada. No me acuerdo exacto cómo fue, pero sé que estuve en la calle unos minutos pensando cómo volver, y después pude enganchar otro metro que me acercaba hasta el hogar, aunque me dejara a unas cuantas cuadras. Entré, lo tomé, me bajé, prendí el gps y caminé lo más rápido que pude hasta el hogar, por calles completamente desconocidas. Llegué y fui directo al bar de enfrente que era una suerte de Farolito para nosotros, con happy hour de cerveza hasta las 2 de la mañana. Algunos miembros de la familia me estaban esperando ahí un poco desconcertados, pero sabiendo que yo iba a encontrar la forma de volver.
 
[Sábado 3.3.18 • Montevideo]
 
Había dado por terminado este post pero me acabo de acordar de una anécdota que a mi entender es graciosa. El colmo de toda la historia del apartamento complicado fue que (después de tratar de solucionar el problema de que el calefón no andaba -varias veces- y bañarnos con agua HELADA) al dueño se le ocurrió mudar unos muebles con nosotros (NUEVE) adentro. Épico. Era un día de mañana, casi todos durmiendo, TODO tirado por todos lados, más gente de los que debíamos ser; y tocan timbre. Gente corriendo de un lado a otro, escondiéndonos en los cuartos, liberando el apartamento de todas nuestras porquerías. Eran los muchachos de la mudanza que con su francés fluido y la completa ausencia de concimiento de español y/o inglés, nos dieron a entender que tenían que entregar unos armarios ENORMES y que no podía ser en otro momento. ¿Se acuerdan que más arriba hablaba del quilombo que había en ese apartamenTITO con los efectos personales de nueve individuos? Bueno, ahora imagínense eso pero con el pasillo lleno de muebles. Regio.

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