viernes, 19 de mayo de 2017

Lo épico, lo bizarro, los tragos amargos, la noche

[Miércoles 10.5.17 • ruta a San Francisco]

Dos días

[Jueves 18.5.17 • vuelo a Tokio]


Todo lo que escribí en la ruta a San Francisco fueron esas dos palabras, así, sin puntos suspensivos, ni finales, ni nada. Por algo no pude seguir, y lo dejé así, como estaba. Tengo que admitir que como pasaron los días (8 para ser más exactos) y muchas cosas en el medio, tuve que agregarle algunas palabras al título de esta entrada. Ya no es sólo lo épico y lo bizarro, lo otro también. ¡Cómo pasa el tiempo! ¿Ya 18 de mayo? ¿Ya yéndonos a Japón? Camino al segundo país, después de una inmensidad de destinos y anécdotas. ¿Por dónde empiezo? ¿El choque? ¿El boliche gay en San Francisco? ¿El bar rockanrollero de Los Ángeles? ¿El hotel bizarro en Hollywood Boulevard? ¿El no sé cómo llamarle-streapclub a media cuadra del hotel? Y sí, son titulares pero creo que asustan un poco. Creo que voy a tratar de ordenar cronológicamente los hechos, aunque dudo que lo pueda hacer, conociendo mi GRAN habilidad para mezclar todo (hasta la comida, lo cual no tiene nada que ver). Igual no quiero que sea una enumeración de hechos bizarros y épicos, ni de cuentos de LAS noches, porque sí señores, AL FIN conocimos la noche. Por suerte este vuelo es largo y el avión bastante cómodo, así que voy a tener para entretenerme. Llegamos a Phoenix y la aridez del lugar casi nos tumba, pero hicimos ruta hasta el Gran Cañón, donde no extrañamos para nada el frío de Chicago. Menos, cuando nos dijeron que ya no tenían más carpas para alquilar. Genial, primera noche de camping, pero sin camping. Y la noche adentro del auto fue fría, e incómoda. Respirando nuestro propio dióxido de carbono. Creo que ni vale aclarar que casi ni dormimos, porque entre otras cosas había que despertarse a eso de las 5 am para ver el amanecer porque dicen que el amanecer en el Gran Cañón es una experiencia maravillosa, y no lo dudo, pero con la niebla que había no vimos nada. Por suerte más tarde salió UN rayo de sol, uno solo, y pudimos apreciar el regalo de la naturaleza. Pero a pesar de la ausencia de carpa, sobres de dormir y buen tiempo, nos la rebuscamos para tener el mejor recuerdo del Gran Cañón e hicimos un asado. Y qué bueno que estuvo. Nos sentíamos en Rocha, pero en el Gran Cañón. ¿Épico? ¡Obvio! Llovió, y la lluvia nos corrió antes de lo previsto para Las Vegas (se merece una entrada itself por lo épico y lo bizarro pero no la va a tener). Yendo a Las Vegas nevó, lo juro. Tuvimos que parar en la ruta a registrarlo fotográficamente porque no lo podíamos creer. Así que sí, la primavera más fría y rara de mi vida (hasta ahora). Al fin llegamos a Las Vegas, mal dormidos, mal comidos. Siesta, tal vez una de las mejores. Alarmas puestas para conocer LA noche de Las Vegas, donde todos íbamos a apostar unos dólares en algún casino, tomar alguna que otra bebida espirituosa y vivir realmente eso que te muestran en las películas. ¡Emoción! Pero nada de eso pasó. No sabemos si fue porque salimos tarde, porque estábamos cansados, porque no tenemos cientos de dólares para gastar en una noche o si porque todo lo que pasa en las películas no es real; pero la noche en Las Vegas nos pareció horrible, de hecho, no existió. Horrible, igual que la cuidad. Ya me habían advertido que era todo de plástico y cartón, pero igual necesitaba verlo. Y no me mintieron. Es una ciudad digna de mucho análisis, de todo tipo. Arquitectónicamente ya hay alguno que otro en la vuelta, quienes hayan estudiado Teoría II (es una materia de facultad, del plan viejo, no sé ahora cómo se llamará porque me cambiaron todo con el plan nuevo, pero no viene al caso) lo sabrán. Una ciudad hecha en el medio del desierto, dedicada al 'entretenimiento' y al consumo desmedido. Caminamos desde el hotel por el Strip hasta la otra punta y pasamos por París, Nueva York, Venecia, Egipto, Roma. ¿Épico? ¿Bizarro? ¡Triste! Los canales de Venecia adentro de un shopping con gondoleros 24/7, esperando a la resaca de la noche para pasearlos por una piscina adentro de un shopping adentro de un hotel. Real. Plástico. Ciudad acartonada. Este viaje es raro, porque pasás por Nueva York (la de verdad) y después pasás por Las Vegas, y ves una copia muy barata y poco digna del Empire State y del Chrysler. Te dan ganas de llorar, te sangran las córneas. Y a unas cuadras ves la Torre Eiffel y te preguntás ¿para qué voy a ir a París si ya conozco la Torre Eiffel? O la Fontana di Trevi (¿se escribe así?). Para los que no tengan el sentido del humor desarrollado, vuelvan a leer lo último, verán que claramente no existe punto de comparación entre lo real y su copia barata. Escaleras mecánicas en la calle, a cielo abierto; que te llevan a un shopping (otro shopping). Entrar al hotel por el casino a las 12 del mediodía y ver a la gente apostando y tomando y fumando y apostando y tomando y fumando y apostando y tomando y fumando. El olor a cigarro impregnado en el ambiente. Las luces de los tragamonedas. Las alfombras mullidas con colores y diseños estridentes, del siglo pasado, colocadas el siglo pasado. Pensar en la biodiversidad que debe haber abajo de esas alfombras y las pocas ganas de pisarlas, menos sin zapatos. La montaña rusa del hotel, sí, un parque de diversiones en el segundo piso de un hotel, atrapado por un muro-cortina fucsia con muy poco mantenimiento. Si quiero puedo seguir, porque como dije, es una ciudad que merece un profundo análisis. Una ciudad de mierda (pido las disculpas correspondientes por el vocabulario, pero han salido cosas peores de nuestras bocas). Nosotros somos estudiantes de arquitectura que fuimos de pasada , y ¡ojo!, no me arrepiento ni por un segundo de haber ido, porque necesitaba conocer la cuidad para poder criticarla con propiedad. Aparte, si no hubiera ido, no podría estar en este momento haciendo tal análisis crítico. Lo que no entiendo es a Las Vegas como destino turístico principal. ¿Cómo la gente lo elige para pasar una semana (o dos) de vacaciones. ¿Qué hay para hacer? ¿Piscina y casino? Prefiero un 5 estrellas en Montevideo. Y me ahorro el pasaje. Capaz estoy siendo un poco dura e intransigente con el pensamiento (la idea no es herir los sentimientos de nadie), pero no lo puedo entender, estuve menos de 24 hs y me alcanzó para saber que no quiero volver. Me quería ir, la ciudad me estaba echando. No me hallaba. Lo mejor de Las Vegas fue la cama del hotel y la cena y el desayuno en Denny's (es una cadena de restaurants de desayunos que está a lo largo y ancho del país, por lo que no es necesario ir a Las Vegas para disfrutar la experiencia). Qué raro todo, estoy sobrevolando el Pacífico, viajando al futuro, recorriendo un día y medio en doce horas. Creo que hoy sí (en realidad mañana, porque vamos a llegar a las 3 de la tarde del viernes) voy a conocer lo que es el jetlag. Hasta ahora era cansancio de viaje nomás. Pero después de varias discusiones de si viajamos al pasado o al futuro atravesando tantos husos horarios en sentido contrario, sé que me van a robar parte del día, que iré recuperando al acercarme nuevamente al occidente. El vuelo salió a las 11:30 (hora en Los Ángeles) del 18 de mayo. Ahora me aparece en el celular que son las 15:54 (supongo que en Los Ángeles) y después de (supuestamente porque nadie está cien por ciento seguro) 12 horas de vuelo (23:30 en Los Ángeles) estaríamos llegando a Tokio a las 15:30 aprox del viernes 19 de mayo. Me están fallando las cuentas, pero les juro que me están robando pila de horas. Y a todo esto, no quería dejar de mencionar que son las cuatro de la tarde (en alguna parte del mundo) y que adentro del avión parece que fueran las cuatro de la mañana. Afuera hay un sol precioso y me cerraron todas las ventanas y me apagaron las luces, casi obligándome a dormir, colaborando con el despiste de no saber ni en qué día ni en qué hora vivo. Pero, ¿por qué voy a dormir si para mí es de tarde? Anoche dormí, no 8 horas (igual nunca estamos durmiendo 8 horas), pero dormí, y hasta creo que fue suficiente para limpiar el alcohol consumido en la noche. Pero me apagan la luz y me cierran las ventanas como si fuera un ómnibus de larga distancia, de los que salen de noche. Esto fue un paréntesis para explicar un poquito lo que estoy sintiendo en este momento. Después de Las Vegas: San Francisco. Llegaron dos personas más. Nos cambió la dinámica, somos más, hay gente experimentando sus primeros días de viaje mientras que el resto ya vamos por el veintitantos. Más personas para conocernos y entendernos. Descubrí que hay gente que se emociona igual que yo al entrar a un museo. Y nos abrazamos de felicidad al ver tal o cual exposición. Y nos pasamos mil horas adentro del MoMa de San Francisco porque era lo que nos hacía felices en ese momento, y no nos importó si la consecuencia de pasar todas esas horas adentro del museo era perdernos gran parte de la ciudad, o no conocer el resto de las obras del centro. Fuimos felices con eso. Porque el viaje en sí es eso, ¿no?, hacer lo que te hace feliz, independientemente de que se llame 'Viaje de Arquitectura'. Ayer me hizo feliz un mate en la playa de California, y no me importó la cacería de obras de arquitectura. Me hizo feliz el burrito en el restaurant mexicano de Manhattan Beach, y se los recomiendo, Viking Burrito en El Sombrero (ya sé, es propaganda gratuita, sorry not sorry). ¿El trago amargo de San Francisco? El choque. No se asusten, no pasó nada. Fue un mal momento que nos hizo darnos cuenta que las cosas pasan por más que no querramos, que no las podemos evitar, y que pasan a pesar de que hagas todo bien, que el factor suerte también juega y esta vez no estuvo de nuestro lado. Fue feo, no la pasamos bien, sentimos el golpe del primer auto con el segundo, del segundo con el tercero, un grito de desespero, y sabíamos que si el de adelante nuestro no arrancaba rápido, el próximo golpe iba a ser el del tercer auto con el nuestro. Y el auto de adelante demoró, y escuchamos el golpe. Y el auto de adelante arrancó, y se ahorró el mal momento. Todo en segundos. Escuchamos todo y no sabíamos del todo qué estaba pasando. De dónde había venido el grito, qué le había pasado a esa persona. Los golpes fueron golpecitos, el grito fue de susto. No hubo heridos, nada. Pero bajamos del auto, hablamos con los conductores, se llamó al seguro, aparecieron los bomberos y los paramédicos preguntando por heridos y/o personas embarazadas (hasta el día de hoy no entendemos por qué), y al ver que estábamos todos bien, terminamos charlando de Uruguay y el viaje de arquitectura. Pero nos tranquilizó muchísimo que se quedaran con nosotras y nos ayudaran con la logística y los pasos a seguir ante tal situación en un país que no es el tuyo, donde por más que hables el idioma, no es el tuyo y con un auto alquilado (detalle no menor). Volvimos a casa y seguimos con el viaje, cada una a su manera, unas más afectadas que otras, pero con la experiencia en la mochila. Cancelamos la que iba a ser la primera noche de verdad y comimos fideos con tuco. Pero por suerte conocimos la noche de San Francisco, ¡por suerte! Me habían dicho que era la cuidad gay friendly por excelencia, y que había un barrio gay, pero nunca me dijeron que salir a un boliche gay con tres hombres heterosexuales en otro país iba a ser TAN divertido. Y eso que estuve a un minuto de no salir. Los tres chiquilines prontos para salir y yo dudando. Me cambié y 'arreglé' (en este viaje los aprontes para la noche se resumen en soltarse el pelo y pintarse los labios) en un abrir y cerrar de ojos y arrancamos para el barrio gay. Banderas del orgullo gay por todos lados, las cebras de la calle en vez de ser blancas, tienen los colores de la bandera (un espectáculo). Todo muy pintoresco. Entramos a Moby Dick (no el de Punta del Este) y eran CASI todos hombres y yo. Tomamos una cerveza y seguimos. Por suerte caímos en un boliche que si se los tengo que recomendar, no puedo, porque nunca supe cómo se llamaba, pero era a una cuadra del pub anterior (aproximadamente). De nuevo, casi todos hombres. Baño compartido, unisex, mingitorio adentro y afuera del cubículo, este último al lado de la pileta. Mindblowing. Beyoncé, Shakira, Britney, las Spice, Lady Gaga. Se notaba que éramos extranjeros, y puede que a ello se deba el éxito que tuvimos como grupo. Creo que fue una de las noches más divertidas de mi vida. Hablamos con todo el mundo, y les explicábamos que 'the four of us are straight but we came because we love you and we have so much fun'. Y ellos nos amaban a nosotros. Y hablábamos español. Y éramos los raros del boliche. Y fue hermoso. Y no me arrepiento ni un segundo de haberme cambiado como pedo para conocer la noche de San Francisco. Y le agarramos el gusto a la noche, o por lo menos yo. Me acabo de tomar un descanso de la escritura. Traté de ver una película, no me pude concentrar. Está largo este vuelo, cómodo, pero largo. Los uruguayos ya se despertaron, parece el ómnibus de ida a un campamento, nadie en su asiento, todos comiendo papitas, tomando cerveza, caminando de atrás a adelante, de adelante a atrás, la ansiedad, no saber qué nos espera (una vez más), pero está vez llegando a Japón. Japón. Todo diferente. Y se podría decir que me siento en Japón desde que salimos de Los Ángeles. Las explicaciones del vuelo, a diferencia de las veces anteriores que se hacían únicamente en inglés, ahora son en inglés y japonés. De más está decir que no entendemos nada y que todavía no estamos acostumbrados a los sonidos del idioma, por lo que resulta un poco molesto. Pero es cuestión de costumbre. O tal vez es la costumbre de entender un gran porcentaje de lo que dicen los altavoces en inglés, y el contraste con este idioma tan desconocido para nosotros. Somos aproximadamente 150 uruguayos (para mí somos menos) en este vuelo. Debe ser extraño para el resto de los pasajeros, no debe pasar todos los días que te tomes un avión para cruzar el Pacífico y que 150 jóvenes lo invadan, porque siento que estamos invadiendo este vuelo, el 169 con destino a Narita, Tokio. Todavía nos quedan como 2 horas, y por un lado quiero que pasen volando porque ya me siento presa en esta nave espacial, y por otro, quiero redondear todas estas ideas bizarras, épicas, los tragos amargos y los cuentos de las noches, porque nunca se sabe cuál va a ser el próximo momento de paz e inspiración. Aparte, me puedo adelantar y decir que Asia merece un capítulo aparte. Asia es futuro y es incierto. Ayer un grafitti en un baño de un bar me dijo que 'there is only now' y es verdad. Ahora, acá, conmigo, recordando el pasado cercano pero convirtiéndolo en presente mientras escribo. Creo haberlo mencionado antes, pero en estos momentos siento una adrenalina diferente, y no sé si tenga que ver con la experiencia del viaje, o con el simple hecho de escribir y transmitir. De contar desde la experiencia. El otro día mi padre leyó el blog y me dijo que era visceral, y es verdad, así lo siento, y así quiero que sea. Con lo bueno y lo malo, pero con la experiencia, las anécdotas, lo que me generan los lugares y los momentos, lo que no se ve. Eso, lo que no se ve. No se ve el choque, ni la sensación rara que me dejó Las Vegas, ni lo bien que la pasé en la noche de San Francisco. Las historias pulidas (un poco) pero contadas desde lo más adentro, desde las vísceras. Volviendo a la no-enumeración de hechos épicos, están las noches. Again, plural. Queríamos conocer la noche de Los Ángeles. Haciendo research en internet encontraron el Rainbow Bar and Grill. Vamos, comemos algo, tomamos algo y nos volvemos. No. Cuando nos estábamos por ir vimos que en el piso de arriba había un escenario. Subimos. Rock and Roll. Lunes. El lugar ya nos resultaba bizarro. Onda motoquero-rocanroll-extremo. Había un uruguayo trabajando. Resultó ser el único uruguayo seleccionado para el reality de Marte (para los que no tienen ni idea de lo que estoy hablando, googleen Mars One Uruguay, que con toda seguridad encuentren el video de Yuri postulándose. Real. Y épico. Todo es épico: el reality, que haya un uruguayo preseleccionado, que el uruguayo trabaje en un bar bizarrazo (para mí) y que un grupo de estudiantes de arquitectura termine hablando del reality con él. Épico fue que hubiera un actor porno en el bar y que todos los hombres lo conocieran. Bizarro el personaje, firmando autógrafos en el pecho de las mujeres, que nunca entendimos si eran las mozas o clientas del bar. Todo fue muy bizarro. La banda sueca de punk-rock. El baterista, padre de 7 hijos que nos halagaba y nos decía que él ahora que es maduro dice las cosas y si le parece que sos hermoso/hermosa te lo va a hacer saber (con mucho respeto). Y que su esposa estaría muy feliz de recibirnos en su casa cerca de Estocolmo cuando estemos por allá. El resto de la banda, bueno... entre todos no hacías uno. Darte cuenta que somos dos para volver y que no sabemos la intersección de las calles del hotel, ni tenemos el mapa de Los Ángeles descargado en el celular, ni internet para pedir un Uber. ¿Problema? ¡No! El último amigo que nos hicimos en la noche muy gentilmente nos ayudó para poder decirle al taxista a dónde tenía que llevarnos. A la noche siguiente nos dimos cuenta que a una cuadra y media del hotel teníamos un bar bastante decente, con bandas de rock en vivo y un público un poco multiloco. Nos acodamos a la barra. ¡Qué cara que es la noche en Estados Unidos! Entre 6 y 8 dólares la cerveza en un bar. Descubrimos el Jumbo, un streap-dance-club (llamale h) a media cuadra del hotel con entrada gratis. No podíamos no ir, había que sumar la experiencia. Allá fuimos... tres mujeres y dos hombres (yo esperando lo peor) y debo admitir que me sorprendió, no era nada muy diferente al programa de Marcelo Tinelli en la época del baile del caño. Todo bastante prolijo y cuidado. ¿Qué hacíamos ahí 5 uruguayos de championes? Nadie lo sabe, pero tomamos una cerveza y conocimos algo distinto (por lo menos para mí). Situación digna de análisis antropológico. El escenario, el baile, las chicas que bailaban de a una y juntaban la propina, el público (el acodado a la barra, el que tiraba billetes de a dólar en el escenario, la pareja de lesbianas que eran las más bondadosas con las propinas, y nosotros, el grupito de jóvenes extranjeros que fueron a chusmear). Y volvimos al bar de multilocos, ya éramos locales, y nos acodamos en la barra, del mismo lado que la noche anterior. ¿Otro trago amargo? El parto para llegar al aeropuerto, para encontrar la rentadora de autos, no saber cuánto tiempo nos podía llevar el trámite del choque (habrán sido no más de dos minutos reloj), la autopista trancada, los mil carriles, la rush hour, no encontrar el car pool lane, estrés colectivo, el no llegamos. Y llegamos, en hora, y hasta temprano, y lo del auto fue un minuto y el transfer nos estaba esperando y todo el estrés no tuvo sentido, pero lo vivimos. Aprendizaje, dicen. Pero está todo a flor de piel, y ante una situación de estrés, enloquecemos. En resumen esto fue lo épico, lo bizarro, lo amargo y la noche. Como vi el otro día en un cartel en la calle promocionando al hotel (creo que es un hotel) The Cosmopolitan, 'the right amount of wrong'.

lunes, 8 de mayo de 2017

La familia, el hogar, lo desechable, lo efímero

[Lunes 8.5.17 • vuelo a Phoenix]

En Chicago nos dimos cuenta que somos una familia, y pienso cuán importante es la casa, los espacios físicos que dan lugar al hogar. En lo de Sherry no teníamos mucho espacio, ni muchas comodidades. Se podría decir que era un gran monoambiente con un baño y una cocina (de reducidas dimensiones) donde el comedor era el living y el living el cuarto. Donde la privacidad   no existía, ni tampoco las ganas de hacer vida de familia. No era falta de ganas, era falta de hogar. Pero en lo de Mike supimos tirarnos todos en el sillón a ver la tele y hasta hicimos (hicieron mientras yo me bañaba) un American breakfast. Desayunamos en la cocina, jugamos al pocker en la cocina, tomamos cerveza en la cocina, cantamos en la cocina, tomamos mate en la cocina y cenamos comida 'casera' en el comedor. Lavamos la ropa, los platos. No es menor notar todo esto en un 'viaje de arquitectura' donde no sólo visitamos obras de arquitectura famosas. Vemos también cómo pueden y deben funcionar los ambientes para que se cumpla la función para los que fueron diseñados. Primero lo de Sherry, después un hostel, lo de Mike y hoy será el primer camping. Primero la Grand Caravan y ayer el New Beatle. Hoy el tercer tramo de avión en este viaje. Quedaron atrás tres mapas de ciudades con sus respectivos mapas de subte, dos tarjetas de subte con saldo ilimitado por una semana cada uno. Disfrutar la ducha porque sinceramente no sabemos cuándo ni cómo va a ser la próxima. Usar la toalla de 'tela de toalla' que el hostel/host de airbnb nos provee (la de microfibra ultra-delgada-ultra-liviana no es lo mismo, no seca igual). Llegar al aeropuerto y ver cómo carajos salimos de ahí para llegar al hogar, sea el que sea. Empezarte a acostumbrar a todo para en ese mismo momento dejarlo atrás, los subtes son el más claro ejemplo. ¿Lo desechable? No comprar nada que quieras que llegue safe and sound a Montevideo. Y saber que varias de las cosas que vinieron pueden y seguramente queden en alguna parte del mundo, no sin antes haber sido reemplazadas por una versión mejorada (o no tanto). El desapego de las cosas, que a veces cuesta tanto. ¿Volverán a Montevideo los championes que tengo puestos que tanto amo, la mochila que me compré en segundo de liceo (sí, segundo de liceo, si no me fallan las cuentas son 12 años, wow!), este jean que es el más cómodo del mundo? Con toda seguridad no. Pienso en la valija y ya hay algunas cosas para descartar cuando empiecen los destinos más calurosos. Si vamos a vivir 6 meses con lo que entre en una valija, ¿por qué no podemos vivir así el resto de los meses que nos quedan de vida? Se nos hace tan natural armar una valija, tomar un subte, un avión, dejar una casa, llegar a otra, alquilar un auto, el tollpass-palabra que no había escuchado antes de este viaje y que ahora veo hasta en la sopa- (sí, sigo aprendiendo inglés), hablar en inglés (sorry, excuse me, it's ok; se han vuelto las cosas de todos los días), la máquina del subte que te habla -stay away from the closing doors-, los delays y los out of order, que se te apunen los oídos, como ahora. Explicarle a la gente que Uruguay no está next to France, sino that it is a small country in South America between Argentina and Brazil, and that we speak spanish but not from Spain because we are not Spanish. Tenía razón Alfredo, -no eches en la maleta lo que no vayas a usar, son más largos los caminos pa'l que va carga'o de más- y Maite, ella también me lo dijo (me saltó justito la canción en el aleatorio y me pareció que tenía bastante que ver con los que decía más arriba). Llegamos a Phoenix, y esta vez no tengo que pasar nada a digital porque ¿para qué hacer el doble de trabajo, verdad? Será menos romántico sí, pero a los efectos es lo mismo. Ya estoy disfrutando los vuelos y todo, sentada entre dos desconocidos; tiempo para mí, para ver series, escuchar música, dormir (cuando se puede) y escribir! Son las 8:45, salimos a las 7 y tuvimos casi 4 horas de vuelo. Esto es mágico y a la vez asusta un poco, empiezan los jet-lags, los días más largos y los más cortos, saltearnos días, atravesar miles de husos horarios. Ahora hay 4 horas de diferencia con Uruguay, complicado para la videollamada, pero por lo menos estamos llegando a Phoenix a las 9 y no a las 11 (hora en Chicago). Son dos horas que nos regala el día para recorrer. 

sábado, 6 de mayo de 2017

¿Qué más querés que perderte en Nueva York?

[Jueves 27.4.17 - Miércoles 3.5.17 • NY - Boston - vuelo a Chicago]

Debo admitir que me costó saber qué día es, en realidad si lo pienso, no sé en qué día vivo. Me ayudó ver que ayer escribí 26/4. Es el 4° día y parece que salimos de Montevideo hace una eternidad. Estoy sola en un subte yendo al Central Park y me acabo de dar cuenta que estoy en la mitad exacta de la estadía en NY. Pasaron 3 días de locura y quedan 3 días, TRES DÍAS. Es imposible organizar todos los destinos para que todo cuadre. Es el momento de elegir, de ponderar unos lugares sobre otros. Es darse cuenta que siempre nos van a quedar cosas para ver, y asumirlo y aceptarlo. Es quedarse con la parte llena del vaso, siempre. Y tal vez, pensar en volver, siempre en volver. Está bueno entenderlo en el primer destino porque creo no equivocarme si digo que van a ser seis meses así, de completa locura, de querer ver TODO y tener que elegir. De ponerse en acción temprano y volver tarde, para poder completar la checklist de obligatorios. De saber en qué momentos separarnos del grupo y en qué momentos volver a juntarnos. Me gusta esta locura, me gusta esta irreal forma de vida. Me gusta encontrarme con caras conocidas en la gran ciudad. Creo que esta modalidad de viaje tiene algo especial que no lo tiene viajar en un grupo chico o solo. La posibilidad de hacer cosas con diferentes personas, o sola, como ahora. Es demasiada información, mucha, toda junta; y no hay demasiado tiempo para procesarla, menos cuando estamos todos juntos. Por eso es bueno el subte, el avión (más adelante será la camioneta, el ferry, el tren, o vaya uno a saber qué más) para acomodar todo esto (o por lo menos algo) y dejarlo por escrito. Todos los que ya hicieron 'el viaje' te cuentan que es una experiencia única, que te sentís diferente, que estás feliz; y se lo crees, porque ¿cómo no vas a creerle a una persona que está feliz si su única preocupación es tener el pasaporte pegado al cuerpo siempre? ¿si cuando suena el despertador alrededor de las 7:00 AM en vez de ir a trabajar o a estudiar, tiene que decidir a qué museo de NY va a ir? Le crees, porque es algo insólito y surreal; y CREEME, porque lo estoy viviendo. No sé si porque me metieron en la cabeza que iba a pasar o si simplemente porque pasa. Y en este momento agradezco que nuestro apartamento esté tan lejos de Manhattan (bueno, Manhattan es muy grande, pero aún así estamos muy lejos). Quedan dos paradas para llegar al Central Park y ver qué me/nos depara este día. Ayer conocí el PRETZEL FREE DAY, insólito. Ir a comprar única y exclusivamente un pretzel común y que no te lo cobren porque para tu suerte es 'pretzel free day'. O saber que el instinto de supervivencia vive y lucha en el ser humano cuando volviendo a casa, el subte para en una estación, te obligan a bajarte y buscar rápido en el subway map, qué combinaciones (plural, sí) te sirven para llegar al hogar, porque sí, lo de Sherry ya es nuestro hogar. Y ver que sos capaz de hacer estas combinaciones, estando sola y cansada, y con hambre, para llegar a casa. Eso no tiene precio. ¿Qué más querés que perderte en Nueva York? Y sí, es una de las mejores experiencias porque ahí es cuando pasan cosas. Tomarte un subte mal, o tomártelo bien y que por esa cosas de la vida,  no pare en la estación deseada; caminar en la dirección contraria (sin intención, claramente). Llegar tarde al punto de encuentro por toparte con el Lincoln Center y conocer a Pablo, un costarricense que me pregunta de dónde soy porque me ve sacando fotos. Ahora en Costa Rica ya conocen el viaje de arquitectura. En este viaje pasan cosas insólitas, que un desconocido te regale un paraguas por la calle porque (aparentemente) lo compró para hacer unas cuadras bajo la furiosa lluvia de Manhattan. O llegar al hall del Hearst Tower y que el seguridad al ver que sos estudiante de arquitectura (uruguayo), saque de su bolsillo una hoja (hecha por él) con edificios de arquitectos reconocidos para visitar. Insólito. Aparentemente su primo es arquitecto y le tiró los piques, y él, muy gentilmente, te dice que que le saques una foto a la hoja. Parece como que año a año espera a los casi trescientos estudiantes de arquitectura con su hoja en el bolsillo para brindarnos la información. O ir a una tienda y que Jonathan from Chicago te diga que no podés perderte la pizza de Giordano's cuando estés en su ciudad. Hoy ya es viernes, y no dudo que termine de escribir esto de camino a Boston. Porque el texto empieza y no termina, lo interrumpe la parada de subte. Y quedan los pensamientos colgados, se procesan y pasan más cosas y otro subte y más historias. Ahora en lo único que pienso es en qué momento transcribiré esto a los medios digitales. Dudo tener el tiempo y la voluntad. Pero como todo en este viaje, es un aprendizaje; capaz las crónicas de NY sean las únicas que queden escritas en papel y tenga que empezar con las próximas digitalmente. Faltan cuatro paradas y muero de hambre. Pasó la casa de la cascada, pasó Boston, pasaron los primeros 9 días. Estamos en el décimo, ya embarcados rumbo a Chicago, rumbo a nuestro tercer destino, rumbo a nuestro tercer hogar. Pasó tan poco tiempo y parece tanto. Siento que ya me acostumbré a este nomadismo (siempre fui un poco nómade), a armar la valija 2 veces en menos de 2 días. To switch the language y hablar espanglish. Este viaje te da la posibilidad de visitar a los conocidos que tenemos por el mundo y que nos muestren las costumbres locales. Cory me llevó a un típico breakfast en Brooklyn (huevos, bacon, panqueques, egg cream). Y hasta vi una parte de Uruguay en su apartamento (mate, yerba Canarias, souvenirs de Uruguay). En este viaje nos están pasando cosas rarísimas a todos, a mí en especial es con la comida -GRATIS-. Empezó con el pretzel free day, siguió en el desayuno en Brooklyn (el bartender era guatemalteco y se ve que le caímos bien, porque cuando ya estábamos por explotar de comida, nos preparó un egg cream de chocolate y lo puso en frente nuestro diciendo 'invitación de la casa'; y por último, esperando que cambien los filtros de la máquina de café (mientras esperábamos un iced coffee) nos dijeron que eligiéramos un pastry for free. Fueron unos muffins de limón con amapola. Otros presenciaron un suicidio en un motel de ruta. Real. Ahora pienso que cuando escribo no importa mucho qué visité, eso queda en las fotos, pero las cosas que pasan no, la gente con la que hablás en la calle no. La señora del High Line que sabía bastante de la arquitectura de la zona, la señora del punto de información en Harvard que después de decirle dónde quedaba el hostel me dijo que nos cuidáramos, a lo que le respondí que éramos de Montevideo, Uruguay, South America y que estábamos acostumbrados -I'm not playing grandma with you!- she said. O la sensación de sobrevolar las nubes y ver la ciudad en capas. Dirán que estoy loca, pero me imagino tres layers en Autocad: la ciudad, las nubes, y nosotros volando, por arriba de las otras. Saqué una foto, pero no es lo mismo. O el apunamiento en los oídos, que todos los viven de forma diferente y yo ya me hice a la idea que lo voy a sufrir cada vez que me suba a un avión; pero es el precio que hay que pagar, y lo pago con gusto, porque este viaje es un regalo de la vida, con la colaboración de todos los que compraron una rifa. En las fotos no aparece la chica que está sentada al lado mío en el avión y que (al despegar) hizo el mismo gesto que hacen los creyentes cuando pasan por al lado de una iglesia. Y me hizo pensar que al subirnos al avión estamos tomando riesgos. Siento que la está pasando mal, no sé. Miro a mi alrededor y veo a la mayoría de nosotros escribiendo, dibujando, mirando las fotos que sacaron, cada uno en su viaje, todos involucrados en esto. Será este un buen momento para pasar este texto a digital?